Seis jóvenes, cuatro chilenos y dos brasileños, se mueven rápidamente por las distintas habitaciones de la vivienda que comparten en la comuna de Huechuraba, aunque siempre la acción termina concentrándose en el tercer piso del inmueble que -desde el exterior- parece uno más de los tantos del sector.

Allí, pantallas, teclados y computadores en red se transforman en las herramientas de trabajo de los miembros de KMV, equipo que se dedica de forma profesional a jugar League of Legends, con sesiones de entrenamiento que pueden llegar a las ocho horas, un estricto sistema de convivencia y un staff que los orientan en la táctica del juego y su desarrollo personal.

Sin estar conectados no vale 

Fuera de su ambiente habitual “Juliostito”, “Plugo”, “Bear”, “Spotted”, junto a las incorporaciones extranjeras “Element” y “TheFoxz”, son tímidos. En una pequeña sala de estar y frente a un televisor, estos jugadores dialogan entre sí mezclando inglés, portugués y español.

“Esta casa es básicamente un tipo de oficina. Estamos juntos para entrenar y conocernos mejor. Yo me probé en este equipo el año antepasado, me seleccionaron y quedé”, señaló “Spotted”, o Carlos Ibáñez de 18 años.

Julio Berríos, de 18 años y que en LoL es conocido bajo el apodo de “Juliostito” recordó que “en 2014 había un equipo que no funcionó y lo reestructuraron completamente en 2015. A medida que pasó el tiempo habían jugadores que se iban y a comienzos de 2016 no nos fue bien por lo que se decidió hacer otra (modificación de integrantes)”.

Al momento de ser consultados sobre qué pensaban sus familias de este ritmo de vida, Joaquín Pérez (19 años, “Plugo”) reconoció que “este año lo dediqué cien por ciento a LoL sin tener nada serio. Mis papás no entendían que pasara pegado al computador mucho tiempo al día, pero a medida que los fui metiendo al tema se dieron cuenta que da para mucho más, por lo que me apoyan”.

“La gente que está involucrada en este medio ya tomaron conciencia que es un trabajo, pero para el grueso de la población podría ser un hobbie, que estamos perdiendo el tiempo y que no tiene futuro lo que estamos haciendo. Eso es difícil de explicar y solo se puede demostrar con pruebas. En el fondo, es que la gente sola se vaya dando cuenta”, complementó Julio.

A sus 21 años, Manuel Parrochia -o “Bear”- reconoce que el nivel del jugador chileno “igual es bajo, frente a potencias como la coreana, china y norteamericana, que tienen todo más profesionalizado”, aunque a nivel latinoamericano la opinión es que se está bien, pero Brasil sigue siendo la punta de lanza.